Nosotros somos un obrador tradicional. Llevamos generaciones poniendo nuestro esfuerzo en conservar las recetas pasteleras y turroneras que nos han hecho reconocibles en Madrid. No en vano fuimos, durante un tiempo, proveedores oficiales de turrones de la Casa Real, y nuestra fama en este terreno hace que, cada año, frente a la puerta de nuestra tienda en el centro se formen colas de familias fieles.
Sin embargo, entre turrones, tortas imperiales, tejas o torrijas, de nuestro obrador también salen estupendos croissants. No son nuestra especialidad, no se nos conoce por ellos, pero quien los prueba, repite.
No son nuestra especialidad principal, es cierto. Pero los hacemos casi cada día. Y cuando salen del horno, dorados, crujientes y con ese aroma a mantequilla que lo invade todo, es difícil resistirse.
Muchos clientes nos preguntan si se pueden hacer en casa. Por supuesto que sí, pero hay que tener paciencia.
El secreto no es la receta, es el proceso

Antes de meternos en harina —nunca mejor dicho— conviene dejar claro que hacer croissants en casa no es complicado, pero sí exige tiempo y cuidado.
No se trata solo de mezclar ingredientes. El verdadero secreto está en el laminado, en los tiempos de reposo y en cómo se trabaja la mantequilla.
En el obrador lo tenemos muy interiorizado, pero en casa es donde suelen aparecer los problemas por las prisas, las temperaturas mal controladas o mantequillas que no son las adecuadas.
Aun así, con un poco de paciencia, el resultado merece la pena.
Ingredientes para unos croissants caseros
Para empezar, vamos con una receta base sencilla:
- 500 g de harina de fuerza
- 10 g de sal
- 50 g de azúcar
- 25 g de levadura fresca (o 8 g de seca)
- 250 ml de leche fría
- 250 g de mantequilla (muy importante: de buena calidad)
- 1 huevo (para pintar)
Aquí no hay mucho misterio. Pero sí una clave importante: la mantequilla.
Si quieres que tus croissants tengan ese sabor limpio, profundo y nada empalagoso, necesitas una mantequilla buena.
Cómo hacer croissants en casa, paso a paso
1. Preparar la masa
Mezcla la harina, la sal, el azúcar, la levadura y la leche fría. Amasa hasta obtener una masa lisa y homogénea.
No hace falta trabajarla en exceso. Solo lo justo para que todos los ingredientes se integren bien.
Forma una bola, cúbrela y déjala reposar en la nevera durante al menos 2 horas (mejor si es toda la noche).
2. Preparar la mantequilla
Mientras la masa reposa, coloca la mantequilla entre dos papeles de horno y estírala hasta formar un rectángulo plano.
Debe quedar firme, pero maleable. Este punto es clave: si está demasiado dura, se romperá; si está blanda, se saldrá.
3. El laminado (la parte importante)
Saca la masa de la nevera y estírala en forma de rectángulo. Coloca la mantequilla en el centro y dobla la masa sobre ella, como si fuera un sobre.
Ahora empieza el proceso de pliegues:
- Estira la masa con cuidado.
- Dóblala en tres partes (como una carta).
- Déjala reposar en frío 30 minutos.
Repite este proceso 3 veces.
Aquí está el secreto del croissant: esas capas finas de masa y mantequilla que luego, en el horno, se separan y crean el hojaldrado.
4. Dar forma a los croissants
Estira la masa final hasta que tenga unos 3 – 4 mm de grosor.
Corta triángulos y enróllalos desde la base hasta la punta. No aprietes demasiado. El croissant necesita espacio para crecer.
Colócalos en una bandeja con papel de horno.
5. Fermentación
Deja reposar los croissants a temperatura ambiente durante unas 2 horas, hasta que aumenten de tamaño.
Este paso es clave para que queden esponjosos por dentro.
6. Horneado
Pinta los croissants con huevo batido y hornéalos a 180 ºC durante unos 15-20 minutos.
El resultado debe ser dorado, brillante y con ese sonido crujiente al tocarlos.
Por qué a veces no salen bien
Aquí viene la parte más realista.
Mucha gente prueba a hacer croissants en casa y el resultado no es el esperado. Suelen quedar, porque les quedan planos, secos, sin capas o demasiado grasientos.
¿Por qué?
- Mantequilla de baja calidad: el sabor cambia completamente.
- Temperatura incorrecta: si hace mucho calor, la mantequilla se derrite antes de tiempo.
- Falta de reposo: sin tiempo, no hay capas.
- Amasado excesivo: endurece la masa.
En Casa Mira controlamos todo eso casi sin pensar. En casa, hay que ir con más cuidado.
Cómo conseguir croissants crujientes por fuera y tiernos por dentro

Si hay un objetivo claro, es este.
Para conseguirlo:
- Usa mantequilla de calidad, pero en la cantidad justa.
- Respeta los tiempos de reposo.
- No sobretrabajes la masa.
- Hornea con el horno bien precalentado.
- No abras la puerta durante el horneado.
El resultado ideal es un croissant que cruje al morder, pero que por dentro es ligero, aireado y con un sabor limpio a mantequilla.
No empalagoso. No pesado. Solo equilibrado.
El sabor del obrador Casa Mira
En Casa Mira, cuando salen los croissants del horno, el olor lo invade todo. Es una mezcla de mantequilla, masa horneada y con ese dulce justo que no satura.
No pretendemos reinventarlos. Solo hacerlos bien.
Y eso, en un dulce como este, es más que suficiente.
¿Merece la pena hacerlos en casa?
La respuesta depende de lo que busques. Si quieres experimentar, aprender y disfrutar del proceso, sí. Mucho.
Si buscas un resultado perfecto a la primera, probablemente no. Hacer croissants es casi un pequeño ritual. Requiere tiempo, paciencia y cierta práctica.
Ven a probar los croissants a Casa Mira
Si algún día te animas a hacerlos en casa, entenderás mejor lo que implica cada croissant.
Y si prefieres ir a lo seguro, te esperamos en nuestra tienda del centro de Madrid.
Porque, aunque no sean lo primero que nos viene a la cabeza cuando pensamos en Casa Mira, nuestros croissants tienen algo que hace que quien los prueba… vuelva.
Y eso, al final, es lo que cuenta.


